El motivo de este corto ensayo tiene que ver con la relación del cine y la historia, la posibilidad de que pudieran convivir y trabajar juntos en favor del desarrollo del conocimiento histórico. Coincidimos con la apreciación de Rosenstone sobre la doble reacción ante la proximidad al cine, desconcierto y entusiasmo paralelamente[1]. ¿Entusiasmo?, parece extraño plantear esto, si leyendo encontramos grandes opositores o muchas veces al menos, el desconcierto es mayormente plasmado por la pluma de los expertos. Pero volvamos al entusiasmo, citamos a Rosenstone, que interpreta de manera notable lo que algunos historiadores podemos sentir, quizás sin saber definir el porque de nuestro gusto por el cine, “El entusiasmo surge por varios motivos: la atracción del medio audiovisual, la oportunidad de huir de la soledad de una biblioteca para compartir con otras personas un proyecto; y la deliciosa idea de imaginar los potenciales receptores de tu investigación y análisis”[2]. Vivimos en una cultura en que nos hemos encontrado con los medios audiovisuales en cada momento, en cada espacio, y mas que todo, en cada rincón de nuestra propia formación; nos hace pensar y postular la necesidad de la historiografía de convivir y recurrir a otros medios, sin dejar el texto escrito, pero llevando la vanguardia en la innovación y en la interdisciplinariedad del estudio (no solo antropólogos, sociólogos o geógrafos pueden ayudarnos, son muchas las ramas necesarias para nuestro árbol del relato histórico).
El Cine histórico ha contado con diferentes intentos y experimentos pero nos atrevemos a coincidir con Monterde en el sentido de la gran división de tipos de cine y la imposibilidad de encontrar “un cine histórico”, solo podríamos recurrir a esta idea tomando en cuenta que contempla gran cantidad de géneros[3], algunos de los que despiertan gran recelo en el historiador cientificista. Así la necesidad de la construcción de un relato histórico en que podamos comprender mejor a aquel que es estudiado, se nos presenta al mismo tiempo como un desafío. Buscamos llegar a más personas y llamar más la atención a todos los públicos, sin embargo es claro que en muchos casos (por no decir en la gran mayoría) el relato de los historiadores no es lo más agradable y llamativo para la lectura masiva. Por otra parte observamos la gran convocatoria del cine en las mismas salas y también los formatos y medios de difusión masivos (DVD, VHS, youtube, Internet en general… y mucho más), ¿cómo dejar de lado esta oportunidad de dar a conocer la historia a un público tan masivo?
Es inevitable que la historia y los contextos incidan grandemente en las
propuestas del cine, en Estados Unidos, durante el siglo XIX la imagen de los
españoles era negativa, representaban el atraso y la maldad, todo relacionado
con el catolicismo[4]. Así en películas
inspiradas en la época serán claras esas diferencias, esa contraposición de
Para Rosenstone el poder del cine es tremendo y los que estamos acostumbrados a los Films, a la experiencia de conocer una historia a través de trabajos audiovisuales, podemos concordar con él, Las imágenes de la pantalla, junto con los diálogos y sonidos en general, nos envuelven, embargan nuestros sentidos y nos impiden mantenernos distanciados de la narración. En la sala de cine estamos, por unas horas, atrapados en la historia[6]. Siendo realistas difícilmente hoy llegamos a provocar esta sensación con una obra escrita, quizás tiene que ver con el poco hábito de leer historia pero también tiene que ver con que hoy en día los historiadores no cultivamos una escritura ágil y agradable, el rigor científico gana la pulsada en esta disyuntiva. La preocupación del director de cine, el artista que esta detrás de toda la realización, va dirigida hacia captar la atención, y quizás dejar un tanto el rigor para poner la atracción.
Entonces el llamado quizás sea muy difícil de aceptar, quizás las necesidades actuales nos pidan dejar de lado esa formación rigurosa, sin embargo ¿es tan así?; el director de cine, el guionista, el actor, o el camarógrafo que capta la escena, del momento o actuada, ¿no son rigurosos? ¿Llevan a cabo algo totalmente descabellado? ¿No son capaces de mostrar verdad? Ciertamente la disciplina audiovisual es un arte y como arte, se entrega todo y se le pone toda la seriedad y rigurosidad, el historiador entonces puede aportar grandemente a ese equipo aunque no puede evitar hacer concesiones, que aporten ciertamente a la agilidad del relato, sin traicionar obviamente la esencia de lo que se quiera mostrar. Así también vemos cuantos historiadores empiezan a trabajar sobre el cine y la historia, asumiendo un desafío enorme, la pregunta que se hace es ¿por qué no asumirlo?.
Bibliografía:
- Marc Ferro, historia contemporánea y cine, Ariel, 1995, pp.199-222.
- Robert Rosenstone, El pasado en imágenes, Ariel, 1997, pp.27-64.
- José Enrique Monterde, La representación cinematográfica de la historia, Akal, 2001, pp.123-150.
[1] Rosenstone, Robert A. El pasado en imágenes; el desafío del cine a nuestra idea de historia. Ed. Ariel, S.A., Barcelona. P.27.
[2] Ídem.
[3] Monterde, José Enrique. Estrategias del film histórico; en Monterde, Selva y Solá, La representación cinematográfica de la historia. Ed. Akal. P. 150.
[4] Ferro, Marc. Historia contemporánea y cine. Ed. Ariel, S.A. Barcelona. P.199-200.
[5] Ibid. P.200.
[6] Rosenstone… Op cit. P.31.



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